El pasado 3 de octubre este diario (La Capital) publicaba un reportaje a Gabriel Shai, un experto en seguridad radicado en Israel y miembro de la Agencia Israelí de Seguridad. En varios pasajes de esa extensa nota, Shai destacaba la importancia del deporte y los clubes como herramientas para lograr una sociedad más segura. Mucho antes, en la década del 30, un catedrático de la Universidad de Leyden (Holanda), el historiador Johan Huizinga publicaba "Homo Ludens" (el hombre que juega). Allí Huizinga desgranaba su investigación sobre la importancia que tenía el juego para la construcción y el desarrollo de las sociedades. A comienzos del siglo XX se producen una serie de drásticos cambios sociales a partir de lo que hoy conocemos como "revolución industrial", que disparan una explosión del deporte con la aparición de las primeras asociaciones y federaciones deportivas internacionales en respuesta a los profundos cambios que experimentaba la sociedad. Volviendo hacia el presente, no hace mucho tiempo atrás, la Sociedad Argentina de Pediatría emitía un comunicado de prensa expresando su preocupación por el aumento en el peso promedio corporal de los menores de edad, haciendo hincapié en los problemas que esto acarrea para el futuro, y dando como uno de los principales motivos la falta de ejercicio físico. Hoy, en pleno siglo XXI, nuestra ciudad pretende ir contra la historia. Si bien resulta cierto que una institución deportiva comenzó la realización de un gimnasio sin haber realizado los trámites correspondientes (una contravención que puede saldarse con el pago de una multa), también es cierto que aplicando criterio y sentido común, ningún código urbano debería impedir que los clubes puedan construir sus gimnasios de acuerdo a las necesidades de los deportes que en ellos se practican, sin importar adónde estén ubicados. Aquellos que por conveniencias individuales levantan su voz para impedir la construcción de gimnasios, o incluso pedir su demolición, no hacen otra cosa más que forjar chicos abúlicos viviendo en la realidad virtual de sus computadoras, impidiendo su transformación en seres sociales y condenándolos a vivir enfermos. Demoler un gimnasio de una institución que histórica y seriamente se ha dedicado al deporte, significa prácticamente demoler a la sociedad.
Jorge Luis Risiglione, DNI. 14.494.013 (Dirigente deportivo)